De supuestos acosados a verdaderos acosadores

Imagen de El Observador de la Actualidad

por Ruth Viasus

Hoy en día es común escuchar en las conversaciones habituales la palabra “acoso”, término que se acuña indiscriminadamente para describir cualquier situación en la que una persona siente algún tipo de incomodidad, descalificación o molestia por la conducta desplegada por parte de otra, llámese esta: jefe, compañero, subalterno, amigo, pareja o pariente.

El término “Acoso”, saltó vertiginosamente de los textos jurídicos y de las salas judiciales a los medios de comunicación para terminar en los corrillos de secretarias, estudiantes, amas de casa, clientes de salones de belleza y demás escenarios comunes y ordinarios.

Frente a ello podríamos aseverar con preocupación que su popularización evidencia, ‘per se’, un aumento en las estadísticas de la violencia y discriminación en la sociedad actual, y que por ello es tan común oír hablar de acoso en los medios, los colegios, el trabajo o el hogar.

¿Existió un detonante para que esto sucediera o son diversas las variables que lo han permitido? Se habla de la pandemia, de las redes sociales, la inequidad, la intolerancia y la polarización en las relaciones interpersonales como culpables, entre muchas otras circunstancias las que han generado esta situación.

Pero ante la realidad del acoso, quisiéramos resaltar la otra cara de esta moneda, que se ha hecho notoria particularmente en el ámbito laboral y es aquella en la que la presunta víctima, resulta no serlo, sino que, abusando de la empatía que generan aquellos a quienes consideramos frágiles y vulnerables se muestra como tal, pero actúa movida por sentimientos de odio, resentimiento o, más inquietante aún, valiéndose de condiciones emocionales, mentales y sicológicas, ataca a quien considera su enemigo recurriendo a falsas denuncias de acoso laboral e intentando incluso destruir a su “oponente” a través de las redes sociales por medio de la calumnia y la difamación.

Esta situación no es nueva en el mundo. Ya en el 2003 el Parlamento Europeo había prendido las alamas señalando que “Las falsas acusaciones de acoso laboral pueden convertirse en un temible instrumento de acoso laboral” ante el aluvión de denuncias falsas que se recibían entonces.

FALSAS VÍCTIMAS

El panorama hoy por hoy se ha vuelto tan recurrente por parte de las falsas víctimas de acoso, que ha hecho que la Jurisprudencia se pronuncie en favor de quien SI está siendo acosado, perseguido o difamado, a través de temerarias denuncias de acoso, denomínese éste, escolar, sexual, de género, laboral o cibernético.

La justicia española es pionera en visualizar esta nueva tipología de acoso profiriendo diferentes sentencias al respecto. A manera de ejemplo están los fallos pronunciados por la Audiencia Provincial de Cantabria, España, donde se confirma una condena de 11 meses de prisión y multa de 2.250 euros a una mujer que presentó falsa denuncia de acoso laboral contra su jefe; el dictado por el Juzgado de lo Social No 1 de Granada que calificó de procedente el despido del trabajador al que se le comprobó la falsedad de su denuncia por acoso laboral. Se destaca igualmente al Juzgado Social No 25 de Madrid que estableció en una de sus sentencias, lo siguiente: “Parece que en España se han introducido las falsas demandas de acoso, como una autentica novedad judicial, siendo frecuentes las que vienen sucediéndose en estos últimos tiempos, por lo cual se ha de estar atento a situaciones abusivas”

Uno de los casos más conocidos en España fue el de una profesora de Arqueología, a quien una alumna del doctorado la denunció por acoso laboral.  Hecha la investigación por parte de la Comisión de la Universidad de Barcelona, donde trabajaba la enjuiciada, se determinó de manera unánime que no existió acoso laboral. Pero siendo inocente de lo que se le acusaba, la profesora tuvo que vivir un infierno, por causa de la falsa denuncia al punto que su vida personal y laboral sufrió daños irreparables.

UNA FALSA DENUNCIA ES DESTRUCTIVA Y MERECE CASTIGO

Em lo que atañe a los medios que difunden muchas de estas noticias, se empiezan a ver reflexiones sobre el tema que nos ocupa. El Diario 16 de España publicó al respecto: “Un bulo, un rumor o una denuncia falsa pueden destrozar no sólo la vida de las personas injustamente acusadas, sino también de todo un colectivo. Lo vemos a diario con la difusión intencionada de las denuncias falsas en general”.

Pone esta publicación el dedo en la llaga, al responsabilizar a los medios de comunicación que, por conseguir noticias, hacen mucho daño a la verdadera víctima del acoso, al dejarse embaucar por las quejas lastimeras de los falsos denunciantes, quienes saben explotar la conmiseración que su presunta debilidad produce en el público para que luego, a la postre, resulte que solo se basan en rumores.

Es urgente que se tomen cartas en el asunto para que los diferentes estamentos, judiciales, administrativos y medios de comunicación, asuman una posición objetiva, sin satanizar a los presuntos acosadores, sino que efectúen, bajo la línea de la igualdad, el debido proceso y el derecho de defensa, las investigaciones a que haya lugar, para determinar, sin lugar a dudas, si el acosador, efectivamente lo es, y por ello sea castigado, o si por el contrario, el acusado es víctima de acoso de quien lo inculpa de acosador y por ende, debe ser éste quien reciba las sanciones que señale la ley.