Ucrania, Elena Oudovitchenko y la Rapsodia de Eleonora

por Claudio Ochoa Moreno

“Rapsodia Azul”, bello, colorido acrílico, ha escogido el ambiente ucraniano, servirá para aliviar una partecita del dolor ucraniano y hoy adorna una hermosa residencia, también ucraniana, en Bogotá.

Su autora es la psicóloga y artista cucuteña Eleonora Martín Abrajim, quien donó esta obra a la causa Maestros Pintando por Ucrania, que avanza en esta ciudad. Acuarelas y acrílicos son la vida productiva diaria de Eleonora, sobre papel, telas, sombreros y sillas. Especialmente acuarelas que a diario envía a miles de internautas, aquí y allá.

De Rapsodia Azul nos revela, “tomé este nombre de una pieza musical llamada «Rapsodia in Blue» que es la expresión del estado de ánimo triste y melancólico. Mis mujeres están representadas con mucha elegancia, esplendorosas,  con bellos tocados, pero en su realidad reflejan una tristeza profunda. Rapsodia en Azul es un ensamble entre la expresión física de la belleza de la mujer y la interiorización de su alma”.

OLGA Y LOS ARTISTAS

Maestros pintando por Ucrania es una iniciativa de la gestora cultural y periodista Olga de Villegas, con frecuencia dedicada a ejecutar tareas sociales y promoción de artistas. Ahora la logrado el compromiso de 20 pintores nuestros (entre ellos una colombo polaca), de los cuales recordamos a Marta Zamora, Omar Larrañaga Andzia Elizabeth Hajduk, Nelson Ortega Toscano, Cristina Adelaida Mateus, Claudia C. Forero, Pilar Granados, Ligia Guerra, Germán Piñeros, Eleonora Martín y otros destacados artistas.

La exposición fue inaugurada el pasado 8 de junio, en la Casa Museo del General Santander, al norte de Bogotá, luego ha pasado por Geba Art Gallery de Germán Barbosa C., también en esta ciudad.

UNA OBRA APEGADA A LOS UCRANIANOS

La médica ucraniana, Elena Oudovitchenko

Maestros Pintando por Ucrania tiene como objetivo central despertar solidaridad de Colombia con los ucranianos, con resultados en foros mundiales y con ayudas materiales como la que este grupo aspira a conseguir. Ha servido también para la conformación de un grupo de artistas que comienza a mostrar solidez, para ofrecer nuevas acciones conjuntas en su oficio.

Una ucraniana, Elena Oudovitchenko, acreditada oftalmóloga y catedrática, vinculada a numerosas instituciones de Colombia, tuvo la suerte de adquirir Rapsodia Azul, la obra de Eleonora, aportando algunos miles de dólares para aliviar las necesidades de sus paisanos. Ojalá los colombianos sigamos este buen ejemplo y la estimulante historia que viene creando Maestros Pintando por Ucrania, solidaria tarea en cabeza de Olga de Villegas, con el apoyo de Polonia, a través de su Embajada en Colombia.

“NO PODEMOS ASPIRAR A VIVIR UN MUNDO MEJOR SI CALLAMOS”

Aquí la autorizada voz de la médica Elena Oudovitchenko:

“Quiero compartir con ustedes una experiencia muy especial que me llegó al corazón. Hace algunos días fui invitada a la exposición «Maestros Pintando por Ucrania». Sentí un llamado especial, ya que soy ucraniana y vivo con el corazón adolorido por la devastación que ha ocurrido en gran parte de la tierra en la que nací. Pero no es de eso de lo que quiero hablarles.

Una vez en la galería, lo primero que hice fue acercarme lentamente a las obras, que eran diversas y bellas. Soy más bien tímida, pero gracias a la amiga que me invitó, poco a poco fui acercándome a los asistentes. Tuve la oportunidad de conocer a la organizadora, Olga de Villegas, a varios de los artistas, al dueño de la galería e incluso a la ministra consejera de Polonia, Sra. Regina Jurkowska. Fueron encuentros inesperados, aunque no exentos de nerviosismo, pero estos se fueron aliviando gracias a la distancia y protección que otorga el protocolo. Creo que ustedes habrían sentido lo mismo. Sin embargo, el nerviosismo se desvaneció por completo al escuchar a los artistas. Entre imágenes, palabras, texturas y colores, pudimos conocer cómo creaban un puente entre su sentir, su arte y su esperanza solidaria por una Ucrania libre del dolor que vive. Verdaderamente, entregaron sus obras con un sentimiento puro y un desprendimiento total.

También quiero destacar al dueño de la galería, Geba Art Gallery, quien abrió su espacio por varios días para exhibir las obras. Es increíble pensar que todo esto nació en un momento de intimidad familiar, cuando Olga de Villegas, impactada por las terribles imágenes que traían las noticias de la destrucción en mi país, se desafió a sí misma a salir de su zona de confort y hacer algo por esa tierra lejana. Y fruto de esa promesa, meses después, allí estaba yo, en medio de un grupo de colombianos maravillosos, artistas y una líder, presenciando con sobrecogimiento y sorpresa, porque en nuestro mundo haya gente que se preocupe por alguien desconocido y lejano. Más aún, personas de un país aquejado por grandes desafíos como Colombia preocupadas por la situación de un país tan distante como Ucrania. ¡Qué bueno que exista gente con esta disposición social y un sentido de pertenencia en este mundo, preocupándose por todo lo que ocurre tanto cerca como lejos! Es maravilloso que haya personas con un agudo sentido del bien y del mal, y que se expresen y se comuniquen.

Esta experiencia me enseñó una gran lección: tenemos que aprender a no ser indiferentes y pasivos, tenemos que aprender a decir firmemente «no más»… No más violencia, no más agresión, no más injusticia. Estoy convencida de que no podemos aspirar a vivir en un mundo mejor si no aprendemos a decir «NO».

Para mí, fue una experiencia conmovedora e inspiradora descubrir gente sensible y proactiva en Colombia, como este grupo de artistas y activistas cívicos. Es reconfortante ver cómo hay personas que se impactan, se preocupan y se alteran ante la injusticia, la violencia y la agresión, sin importar si está cerca o lejos, si les afecta directamente o no.

Gracias a esta experiencia, mi voz es más firme al decir que no podemos aspirar a vivir en un mundo mejor si nos quedamos callados y no aprendemos a denunciar. No importa si esto ocurre cerca o lejos. El mundo es muy pequeño”.